Y un par de cosas: por un lado una crítica al 'Susurro del bosque' y por otro lado una crónica de la feria del libro de Moncofa, ambas made in Anika entre libros. ¡¡Gracias, guapa!!
Perdón, Marvel no lo está, es Quesada el que cada vez anda más desquiciado por los pasillos de la Casa de las Ideas. Su última víctima es Extrañinsqui con el que es de suponer ya tuvo sus más y sus menos en la cabecera de Spiderman (ya sabéis todo el rollo de los hijos de Norman y Gwen y la patética resolución del One more day). Se ve que Extrañinsqui, en esos tiempos, leía bastante este blog y le llegaron las críticas que le hicimos de poner su nombre en una de esas cabeceras retocadas por el patético Quesadilla. Así que esta vez no va a poner su culo al servicio de Joe y se pira de Thor antes de que el editor jefe monte su particular show ante el inminente estreno de la película del dios asgardiano. Porque seamos francos, Quesadilla sólo se preocupa de los tebeos que pronto van a ser versioneados en el cine, ya que ahí está la pasta y el cerdo siempre tira al cieno.También debe de haber dado la orden al bueno de Brubaker para que nos traiga de vuelta al Capitán América original (estamos a meses vista de la película de Steve Rogers y el todavía editor jefe de Marvel no se puede permitir el lujo de tener un cómic, por muy bueno que sea, en el que los espectadores no identifiquen a su protagonista con el de la película), así que se saca de la manga un «Reborn» y todos tan contentos.
Ahora vamos con esa serie tan innovadora, tan rompedora, tan maravillosamente original que es Spiderman Niu Bran Dei, en donde Quesadilla sigue haciendo de las suyas junto a la cuchipanda, ¿qué maravillosa historia nos espera a partir del 600?

¡¡Ahí estamos!! La cuchipanda, cuando es incapaz de sacar más pomada a los Osborn, se dedica a coger los mejores momentos de Amazing Spiderman y versionearlos para los nuevos lectores. Es decir, más nueva Gata Negra, más nuevos celos de Mary Jane, más nuevos desencuentros, más nuevos desentendidos, más nuevos blablablá blablablá blablablá… hasta que se anuncie Spiderman 4 y si en la gran pantalla Reimi hace que Peter y MJ se casen, Quesadilla se bajará las bragas, se dibujará a sí mismo en el comic especial de la reboda de los eternamente enamorados y esa noche pillará una cogorza de aupa por los ingresos que entren en su cuenta corriente gracias a los incautos que se compren el especial (y ojito, que lo mismo vuelve a meter a Obama en el convite).
¡¡Pero no se vayan todavía, que aún hay más!!
Muchos aseguran que hoy en día, todos estos megaeventos que están teniendo lugar en las colecciones Marvel son la caña de Picaña. Yo piqué con Civil War, comprándome la serie troncal y los doscientos crossovers que salían paralelamente. Al final, Civil War te contaba las neuras de dos bandos que se resistían a registrarse (algo que en su día ya se hizo con los mutantes) y que acababan dándose de hostias. La idea era original… al fin y al cabo estamos en la Casa de las Ideas, ¿no?Ahora a Bendis se le ocurre montar la Invasión secreta. No voy a negar que Bendis tenga buenas ideas, habría que ser muy osado para decir lo contrario, y lo hace muy bien a la hora de enmascarar esas ideas en las trescientas mil colecciones que lleva. Así hemos visto como la Invasión Secreta se ha fraguado por las distintas colecciones de Marvel relacionadas con los Vengadores. Pero cuando llega la hora de la verdad, cuando toca dar el Do de pecho y escribir un buen argumento, Bendis se desinfla.
Invasión Secreta arranca muy bien. Con los Skrulls infiltrados aquí y allá, tomando los controles de los medios de comunicación, aislando a los principales superhéroes de la Tierra… pero después del segundo número, Invasión Secreta se convierte en un chorreo de hostias consecutivas y cualquier indicio de trama se difumina de la historia. Es más, el guionista es incapaz de aprovechar los momentos de máximo dramatismo en los que irrumpen los personajes ocultos (como el grupo de Thor y el nuevo Capitán América) y convierte la historia en una guerra de guerrillas completamente descafeinada.
Y, por supuesto, lo que no voy a hacer esta vez es comprarme las cincuenta mil colecciones paralelas de Invasión Secreta, que con Civil War ya escarmenté.
Pero si todo esto no fuera poco, en el número de Invasión Secreta de Spiderman Niu Bran Deis (glorioso número, por cierto), en la última página aparece Peter Parker y casca a todos los lectores qué bando gana en la Invasión Secreta. Marcianos a tomar por culo. Ole, ole y ole.
Todos sabemos que la Marvel, en los USA, ya tiene montado el tinglado en el que Norman Osborn anda dirigiendo a los Vengadores. Bendis la ha vuelto a montar, pero tiene una fecha límite para desmontar todo este tinglado: el estreno de la nueva película de los Vengadores. Hasta ese momento el capo Quesadilla le permitirá seguir jugando con los personajes a sus anchas. En cuanto Quesadilla huela los billetes de los espectadores de cine, sacará sus tijeras, le cortará las riendas a Bendis y se pondrá él a dirigir el cotarro. Así de nefasto es el director jefe de Marvel. Esperemos que las cuentas comiencen a fallar, que los ingresos de cine mengüen, que la caja fuerte de la Casa de las Ideas se llene con unas cuantas telarañas, y el nefasto Quesadilla salga por la ventana de una patada en el culo. Quizás, entonces, Marvel tendrá una oportunidad de salvarse.
Ojo, va con spoilers sobre todas las series TOP que se han emitido esta temporada.
Que por culeros. No hay mejor manera de definirlos. Los guionistas de las series americanas son unos por culeros. Lo cual significa que hemos disfrutado, llorado y emocionado con los finales de las series que más nos gustan. Ole por ellos. Y me atrevería a decir que esta temporada, algunos hemos rozado el infarto de miocardio (marujón que es uno… qué se le va a hacer). Por un lado, en House, nos encontramos con un final que me traumatizó durante dos días seguidos: el contraste entre la boda de Cameron y Chase mientras el pobre House se despide de Wilson y acaba ingresado y desahuciado en ese psiquiátrico de muros grises y planta tétrica. ¿Cómo es posible que el gran genio del diagnóstico sea víctima de su propio cerebro?
Por otro lado, en Perdidos, dándonos de morros con el sacrificio de Juliet en lo más profundo del pozo de Dharma. A esto hay que añadirle el suicidio/asesinato de John Locke, colgado de una viga con sus miserias y sus falsas esperanzas, traicionado por todos aquellos que lo rodearon en la isla y dejándonos bien claro que es el mayor perdedor de la historia de la televisión. La revelación final de que John Locke no era John Locke fue magistral y situó a este personaje en el altar de los personajes trágicos y desamparados.
Y por si todo esto fuera poco, en «Anatomía de Grey» nos restriegan en los morros a un paciente mutilado, reventado a más no poder, que se ha comportado como un héroe para salvar a una desconocida de morir machacada bajo las ruedas de un autobús, y en los últimos dos minutos nos desvelan que es George Omaly. Y la pobre Izzy a punto de palmarla en la otra sala del Seattle Grace.
Por supuesto, todo el mundo sabe que House se levantará de sus miserias y regresará al Princeton-Plainsboro cuando más se le necesite, que una moneda al aire (o los compromisos profesionales de los actores) decidirá quién muere: si Omaly o Izzy, y con un poco de suerte, si los guionistas le echan cojones y se atreven a dejar a los cadáveres en sus tumbas, John Locke recibirá la muerte más despiadada de todos los tiempos. ¿Y qué? Da lo mismo. Nos los hemos pasado pipa. Este año las series de televisión que sigo regularmente desde hace cinco años se han salido y nos han dejado con el corazón en un puño. Y no hay nada más divertido que emocionarse, sufrir y pasarlo mal viendo la televisión. Desgarra nuestra vena trágica y la hace sangrar con profusión.
Ahora la lenta tortura de la espera y el intentar salvarse del aluvión de spoilers que llegarán durante el verano. ¡Quiero más House! ¡Quiero más Lost! ¡Y quiero más Anatomía de Grey!
Que por culeros. No hay mejor manera de definirlos. Los guionistas de las series americanas son unos por culeros. Lo cual significa que hemos disfrutado, llorado y emocionado con los finales de las series que más nos gustan. Ole por ellos. Y me atrevería a decir que esta temporada, algunos hemos rozado el infarto de miocardio (marujón que es uno… qué se le va a hacer). Por un lado, en House, nos encontramos con un final que me traumatizó durante dos días seguidos: el contraste entre la boda de Cameron y Chase mientras el pobre House se despide de Wilson y acaba ingresado y desahuciado en ese psiquiátrico de muros grises y planta tétrica. ¿Cómo es posible que el gran genio del diagnóstico sea víctima de su propio cerebro?Por otro lado, en Perdidos, dándonos de morros con el sacrificio de Juliet en lo más profundo del pozo de Dharma. A esto hay que añadirle el suicidio/asesinato de John Locke, colgado de una viga con sus miserias y sus falsas esperanzas, traicionado por todos aquellos que lo rodearon en la isla y dejándonos bien claro que es el mayor perdedor de la historia de la televisión. La revelación final de que John Locke no era John Locke fue magistral y situó a este personaje en el altar de los personajes trágicos y desamparados.
Y por si todo esto fuera poco, en «Anatomía de Grey» nos restriegan en los morros a un paciente mutilado, reventado a más no poder, que se ha comportado como un héroe para salvar a una desconocida de morir machacada bajo las ruedas de un autobús, y en los últimos dos minutos nos desvelan que es George Omaly. Y la pobre Izzy a punto de palmarla en la otra sala del Seattle Grace.
Por supuesto, todo el mundo sabe que House se levantará de sus miserias y regresará al Princeton-Plainsboro cuando más se le necesite, que una moneda al aire (o los compromisos profesionales de los actores) decidirá quién muere: si Omaly o Izzy, y con un poco de suerte, si los guionistas le echan cojones y se atreven a dejar a los cadáveres en sus tumbas, John Locke recibirá la muerte más despiadada de todos los tiempos. ¿Y qué? Da lo mismo. Nos los hemos pasado pipa. Este año las series de televisión que sigo regularmente desde hace cinco años se han salido y nos han dejado con el corazón en un puño. Y no hay nada más divertido que emocionarse, sufrir y pasarlo mal viendo la televisión. Desgarra nuestra vena trágica y la hace sangrar con profusión.
Ahora la lenta tortura de la espera y el intentar salvarse del aluvión de spoilers que llegarán durante el verano. ¡Quiero más House! ¡Quiero más Lost! ¡Y quiero más Anatomía de Grey!
Lamento haber estado un poco lento de reflejos, pero hoy ha sido el día de promoción del ‘Xe que bo’ por los medios de comunicación. Esta mañana hemos estado en Radio Nacional, COPE Valencia y Ser Valencia. Esta tarde, a las 17 horas estaremos en Radio Nou. Y mañana, a partir de las 10 de la mañana en Queen Valencia en el dial 101.9
Por cierto, otra entrevista que he hecho esta mañana ha sido con el grandísimo Ramón Palomar, en Punto Radio. Espero conseguir copias de algunas de ellas y colgarlas en el blog.
Por cierto, otra entrevista que he hecho esta mañana ha sido con el grandísimo Ramón Palomar, en Punto Radio. Espero conseguir copias de algunas de ellas y colgarlas en el blog.
Crítica de ‘Nocturna’ de Guillermo del Toro y Chuck Hogan
Publicado por David Mateo en 7:39 AM Etiquetas: Literarias
Parece que todavía quedan viejos rockeros que se resisten a dejarse arrastrar por esa nueva ola de vampiros new age, que se limitan a hacer gala de su adolescencia y se presentan ante el género femenino como máximo paradigma de galantería y del goticismo más mojigato. Claro, cuando tu nombre es Guillermo del Toro, lo mismo da que escribas sobre chupasangres zombificados que sobre vampiros romanticones, el éxito está asegurado.Antes de comenzar a desgranar el libro, hay que recordar que esta novela se situó en el top ten de Frankfurt el año pasado. Es decir, que las editoriales tuvieron que pagar lo que no está escrito para comprar los derechos. Consecuencia: a los lectores nos toca desembuchar veintipico euracos del ala para encontrarnos con un volumen que ni siquiera tiene tapa dura, que el gramaje de las hojas traspasa más que el papel adhesivo, que si lo abres más de la cuenta se ve las puntadas de los cuadernillos y con una traducción que ni siquiera se esfuerza en normalizar el castellano y cada dos por tres acabas encontrando términos iberoamericanos que nos despegan un poco de la lectura. Bueno, no pasa nada, se lo perdonamos a Grupo Prisa, que sabemos que andan un poquito con la crisis al cuello (eso sí, que los Manolos de Cuatro no se mofen tanto del Valencia CF porque, por lo que parece, aquí todos nos apretamos el cinturón).
Ejem… perdón por este interludio futbolístico, pero no he podido evitarlo. Continuemos.
Debo decir de antemano que me he leído la novela en dos días. La enganché el domingo por la mañana y la solté ayer a media tarde, lo cual deja bien claro que el libro es adictivo a más no poder. Pero, detrás de este proyecto está el nombre de Guillermo del Toro, lo cual indica que estamos ante el creador de universos cinematográficos tan fantásticos como «El laberinto del Fauno» o «Hellboy II» (vale, Hellboy es de Mignola, pero Hellboy II es una virguería visual de la que fueron responsables Guillermo y el guionista del cómic). Aunque también estamos ante el creador de «Blade 2» y de «Mimic». Y para bien o para mal, Nocturna se aproxima más a estos dos últimos productos que a los primeros.Sí que se entrevé una mitología detrás de la historia, pero en este primer volumen nastic de plastic. Es decir, que de los vampiros en el Nuevo Testamento y en la Historia de nuestra civilización no hay nada —nada más allá de decir que hay clanes escondidos y que permanecen en el anonimato—. Quiero pensar que estamos ante una novela iniciática y que lo mejor está por llegar; probablemente con la publicación de «Uncertain dead» («Muerte incierta») y de «Night Eternal» («Noche eterna») la cosa se anime.
Si Drácula llega a Londres en barquito, el Amo llega a Manhattan en un avión (¿para qué molestarse en pasar días y días en una bodega atestada de ratas cuando tienes secciones de equipaje con aire acondicionado y con ambientadores con olor a pino?) y, como ya sucediese en la novela de Stoker, no deja a bicho viviente en el avión. Consecuencia, que cunde el pánico en el aeropuerto. Los cadáveres no muestran signos de violencia, están tranquilamente sentados en sus asientos y todas las ventanillas y compuertas del avión permanecen cerradas y atrancadas.
Al menos hasta que una pequeña trampilla se abre y a Ephraim Goodweather, un médico especializado en crisis bacteriológicas, le toca la agradable tarea de adentrarse en la boca del lobo y tomar conciencia de lo que ha sucedido.
El arranque de la novela es tremendo. Hogan y del Toro te mantienen pegado a la historia a base de tensión y desconcierto; una catástrofe singular e imposible que, poco a poco, va adquiriendo tintes apocalípticos. El protagonista y su ayudante Nora —por cierto, uno de los personajes más desdibujados de toda la novela— se ven envueltos en una situación de crisis que abarca más de cincuenta muertos y que, si no se soluciona rápido, se puede llegar a expandir por todo el planeta.
Eso sí, hay supervivientes en el avión (en la novela sobrevivientes): un informático, una estrella de rock, una abogada y uno de los pilotos. Cuatro individuos que comienzan a presentar síntomas cada vez más extraños a los ojos de los científicos.
El arranque de la novela recuerda mucho a «Soy leyenda». Abunda la terminología médica; todo lo relativo a la anatomía de la cepa vampírica y su colisión con la anatomía humana es fascinante. Los dos escritores se toman muy en serio lo relativo al origen del vampiro como entidad bacteriológica que se contrae por exposición y nos lo muestran a través de médicos y forenses que no se cortan un pelo a la hora de meter el bisturí y escarbar en los cuerpos en busca de agentes patológicos. ¡Vamos, un festín gore que hará las delicias de los aficionados a las salas de autopsia!
Cabe reseñar que esta novela tiene su Van Helsing, encarnado en Abraham Setrakian, un profesor judío que las pasó canutas en la Segunda Guerra mundial (y os puedo asegurar que los nazis fueron la menor de sus preocupaciones), y su particular Renfield, personificado por el multimillonario Eldritch Palmer, un excéntrico capitalista que permanece enchufado a mil máquinas diferentes y que con el advenimiento del Amo desea obtener la vida eterna.
El primer libro de la «Trilogía de la Oscuridad» pretende ser una especie de «Apocalipsis» de Stephen King. Vivimos en primera persona a través de los afectados la irrupción del virus vampírico. Sin embargo, la sensación de catástrofe inminente no está tan bien conseguida como en la novela de King. Sí que es cierto que vemos los primeros brotes de la pandemia en las calles de Nueva York, pero la sensación de caos y de holocausto incontrolable no llega a conmocionar del todo.
Es más, me atrevería a decir que desde el momento en que Eph arroja el bisturí para coger la espada de plata, la novela pierde fuelle y se convierte en una fantasía demasiado alocada y que contrasta negativamente con el crudo realismo del principio. Es como pasar de ver ‘La jungla de cristal 2’ a ver ‘Hellboy’ para acto seguido regresar a ‘Mimic’.Además, los casos particulares de los infectados se hacen algo repetitivos (aunque algunas situaciones son muy morbosas) y dado que la mayoría de esos personajes no intervienen en la resolución de la novela (como la familia de la abogada o la del informático), la sensación final que te queda al leer el libro es un pelín deslavazada. Algo así como: ¿Y todo esto que me has contado para qué? Aunque estamos ante una primera parte y Guillermo del Toro bien se merece un voto de confianza para seguir explicándonos su historia.
Que nadie se espere que Nocturna tenga una coherencia individual, pues le quedará la misma sensación que le quedó a muchos cuando leyeron o vieron por primera vez «La comunidad del anillo». Es una historia inacabada y, para más inri, en las últimas páginas del libro se dejan caer muchos datos relevantes que determinarán el futuro de esta historia.
En fin, que uno se queda con la sensación de que las expectativas han estado, una vez más, por encima del producto final. Si «Nocturna» hubiese sido una novela más del montón, se hubiera valorado con una nota alta. Pero conociendo los nombres que están detrás de estas páginas y el trabajo editorial que, con toda probabilidad, se halla vertido en ellas, se debe ser exigente y pedir algo más que una simple historia de vampiros que comienza de manera soberbia y acaba convirtiéndose en un auténtico correcalles. Ni mucho menos «Nocturna» pasará a formar parte del panteón de lecturas vampíricas por excelencia, pero el destino de la «Trilogía de la Oscuridad» todavía está por determinar. De momento, esta lectura se antoja un primer paso emocionante y divertido. Ahora, para futuras continuaciones tendrán que currárselo un poquito más.
La televisión de hoy ya no es como la de antes, por supuesto. Apenas tenía nueve años, así que muchos detalles se escabullen de mi cabeza, pero el viernes lo recuerdo de una manera especial. Se acababan las clases, volvía a casa -¡¡por suerte no había que hacer los deberes, pues el fin de semana estaba por delante!!- y uno podía sentarse cómodamente en el sofá y ver ‘La aldea del alce’ o las aventuras de Espinete mientras devoraba un buen bocadillo de Nocilla y esperaba que se hiciera de noche para ver el ‘Un, dos, tres…’.

Pero en esos tiempos había una serie que aún hoy me resulta enigmática e inquietante. Recuerdo que las circunstancias me impidieron ver todos los capítulos seguidos, por lo que la sensación de encontrarme ante algo inusual era aún más poderosa. Comenzaba con el pantallazo del Támesis y el Tower Bridge, algo que mi subconsciente asociaba a series de humor como ‘La superabuela’ o ‘Benny Hill’, pero el episodio que comenzaba a continuación tenía muy poco de serial cómico. ‘Chocky’ era una serie de ciencia ficción. Comenzaba con una música muy inquietante, en la que el tetraedro que representaba a la inteligencia alienígena
Chocky giraba ante nuestros ojos. A partir de ahí arrancaba la historia de Mathew Gore, un chaval normal y corriente, que es abordado por un alienígena llamado Chocky cuyo único fin es recaba información sobre la Tierra.Matthew salva a su hermana Polly de morir ahogada, a partir de ese momento, el muchacho –guiado por la inteligencia de Chocky, que siempre se representa en una pirámide verde- comienza a desarrollar una capacidad sensitiva e intelectual fuera de lo común. Los padres no tardan en llevar a Chocky a un psicólogo, que recomienda la inserción del niño en un colegio de chicos superdotados. A partir de ese momento, Matthew comienza a desarrollar al máximo su capacidad conectiva con el alienígena al tiempo que lleva sus poderes hasta los límites. Lo peor: que facciones reaccionarias desean hacerse con el poder de Chocky y acaban secuestrando al niño.
La serie termina con una sensación agria: Chocky, consciente de que Matthew corre peligro por su causa, decide separarse de él y regresar a su planeta.
Choky es una adaptación del libro del mismo nombre escrito por John Wyndham, más conocido por la novela ‘La noche de los Trífidos’ reeditada recientemente por Minotauro. Pamela Lonsdale, productora de televisión, se hace con los derechos para la Thames Televisión y Anthony Read (guionista de Doctor Who) se encargó de guionizar la novela en una serie de seis capítulos de veinticinco minutos de duración.
Os dejo con algunos datos muy interesantes que he encontrado en la página ‘Recordando Choky’ de José Manuel Ventura Rojas:
La serie se emitió en Inglaterra en 1984 para llegar a España un año más tarde. Contó además con una continuación en forma de dos mini-series de seis episodios cada una: Los hijos de Chocky (Chocky’s Children, emitida en Inglaterra entre enero y febrero de 1985) y El desafío de Chocky (Chocky’s Challenge, estrenada en Gran Bretaña entre septiembre y octubre de 1985) Los directores de las tres series fueron Christopher Hodson (1984) y Vig Hughes (1984-5) y luego Peter Dugid (1985) y Bob Blagden (1986). La aprobación manifestada por los herederos de Wyndham, que vieron en la primera entrega de la serie la mejor adaptación de cuantas se habían hecho de las obras del escritor, aprobó la ejecución de las dos mencionadas continuaciones, aunque aquellas presentaron una calidad algo inferior a la original. En primer lugar, porque el final de la primera serie coincidía con el de la novela. El guión de las posteriores entregas se urdió a partir de algunas referencias que Wyndham anotase en la novela original, sobre el interés de Chocky, comunicado a Matthew, por entablar contacto con otros jóvenes inteligentes de la tierra.Los hijos de Chocky se desarrolla un año después del final de la primera entrega. Matthew conoce a Albertine, una chica con un brillante talento para las matemáticas. Ambos desarrollan paulatinamente una comunicación telepática, y Albertine va a tener conocimiento de Chocky. Pero por ello se verá amenazada y será secuestrada por individuos que persiguen desvelar los secretos de la energía cósmica. Es por ello que Chocky retorna para ayudar a Matthew a encontrar a su amiga.
El retorno a lugares comunes de las anteriores entregas y el nivel interpretativo inferior de algunos de los nuevos actores hicieron que la tercera parte, El desafío de Chocky, fuese inferior a las anteriores. En esta entrega el personaje de Matthew aparece mucho menos, ya que el joven actor Andrew Ellams iba a desarrollar su carrera hacia otra dirección (llegando a ser en la actualidad profesor de ciencias económicas). El argumento giraba en torno a Albertine quien, junto con otros chicos sensibles al don telepático, recibe instrucciones de Chocky, cuyo pueblo ha decidido revelarles los secretos de la energía cósmica. La intrusión de los militares en el proyecto tratando de utilizarlo en beneficio propio introducía el elemento desestabilizador e intrigante de la trama.Más Tajundras, aquí.
Hoy el día ha amanecido triste. Siempre que se va alguien que ha cambiado el modo de ver las cosas, el modo de contemplar, de sentir, de vivir el arte —en este caso la música—, inevitablemente una sombra melancólica se aferra a tu subconsciente y te deja un poco planchado. Me lo acaba de decir mi madre y todavía lo estoy digiriendo. Ni era mi artista preferido, ni aceptaba su forma de vivir enmascarado tras la cirugía, pero en momentos como estos, en los que el artista se ha ido y medio mundo llora, la sensación que te queda es que hoy ese mundo es un poco más amargo y ha perdido una parte muy importante de la fuerza que lo hace vibrar.
Hoy es el día en que murió Michael Jackson.
Y como la vida sigue adelante, hoy en la Sombra de Grumm me gustaría proponer un tema que ayer trataba Sergio Mars en su blog de Rescepto y que llevo varios meses dándole vueltas en la cabeza. Todos sabréis que Vilar presentará su libro ‘El alarido de Dios’ de Equipo Sirius esta tarde a las 19:30 en la Casa del libro de Valencia (y si no lo sabíais ya estáis avisados). Servidor ha asistido a muchísimas presentaciones y debo admitir que hasta ahora la suerte siempre le ha venido de cara. Creo que van cuatro o cinco presentaciones de mis libros y todas han sido muy especiales. Con más cariño recuerdo la de ‘El último dragón’, en el Hard Rock Café de Madrid, aquella sala semioscura, con detalles urbanitas y luminosos que te ayudaba a entrar rápidamente en tensión. Aparecí en mi primera presentación con la pierna rota (¡¡y todavía no lo sabía!!), con un dolor que me estrujaba el corazón cada vez que apoyaba el pie y varios grados de fiebre. Pero el calor de la gente -¡la mayoría buenos amigos sedicianos a los que tanto hecho de menos!- que allí se reunió me emocionó muchísimo.Otra de las presentaciones que recuerdo con cariño fue la del Gremio, en Valencia. La primera vez que presentaba en mi tierra y la primera vez que se sentaba a mi lado el germá Aguilera. En este caso la presentación era muy diferente, pues no la daba para personas que no conocía, sino para mi gente: mi familia, mi novia, mis amigos de toda la vida. Todavía llevaba la pata rota y esta vez escayolada… y lo cierto es que fue muy emocionante alzar la cabeza y ver a toda aquella peña allí, respaldando mi libro. Fue una de las mañanas más gratas que recuerdo de los últimos años.
Han habida otras tantas presentaciones en Murcia y en Castellón (algunas con más gente, otras con la sala mostrando un aspecto desolador), pero la que también recuerdo con una añoranza especial fue la del Corte Inglés de Barcelona, presentando ‘Perversa’. Voy a ser muy franco: esperaba estar más solo que carracuca. Bueno… las colegas de Yolanda no podían faltar. Y la presentación comenzó con siete u ocho personas en la sala, pero poco a poco el ambiente se fue animando y al final la platea se llenó de gente y buenos amigos. Para mí fue la presentación más extraña que he hecho. Sí que reconocía muchos rostros, pero otros me eran ajenos y no me quedó más remedio que asimilar que habían acudido atraídos por la presentación de mi libro.
La última gran presentación en la que he participado fue la de Viveros, del ‘Xe que bo’. Creo que ha sido la presentación más multitudinaria en la que he estado y puedo prometer y prometo que mi familia y mis amigos ocupaban sólo una décima parte del salón. Pero también hay que ser muy realistas: toda aquella gente no fue a ver a un autor, sino que acudió atraída por un sentimiento muy poderoso en esta ciudad, el sentimiento del Valencia CF. Y todavía se me hace raro sentarme ante una mesa y comenzar a hablar de fútbol, de la historia del Valencia CF o de algún jugador, para acto seguido cambiar el chip, y divagar sobre fantasía, caballeros, elfos y dragones –que no nos engañemos, es lo que más me gusta-.El caso es que si he aprendido algo durante este tiempo, es que las cosas no ocurren por azar. Si eres un autor novel, que presentas tu primera novela, no caigas en el error de pensar que la sala se va a llenar sólo por tu nombre. Ni eres Zafón, ni Falcone, ni Matilde Asensi. Probablemente, si vas a presentar tu primer libro de fantasía, la editorial haya realizado una tirada muy limitada y no se habrá gastado ni diez euros en una campaña de marketing. Así que tira siempre de contactos, amigos y colegas. Reúne a tu gente porque el esfuerzo de escribir un libro ya es digno de elogio y te mereces un homenaje con tus amigos. Presentar un libro es ponerse de largo ante los tuyos. Vestirte de gala una vez al año y sacar un conejo de la chistera. No sufras pensando si van a aparecer por allí lectores de tu obra, porque la palabra novel implica bisoñez y nuevas aventuras. Y los héroes como tú, que han escrito su primer libro, suelen ser héroes solitarios embarcados en grandes gestas.
Hoy las editoriales más poderosas se gastan mucha pasta en publicidad y pagan a empresas especializadas para hacer promoción en medios de comunicación. Mi buena amiga Susana Alfonso, de Ateneaglam, lleva una de ellas, probablemente la más importante de Valencia pues sus clientes son las editoriales con más recursos a nivel nacional. Esencialmente se dedican a hacer presentaciones privadas ante los medios de comunicación en hoteles y en medios de comunicación. Con Codexval y el ‘Valencia CF: Xe que bo’ voy a vivir esa experiencia pues Quique, el editor, ha contratado los servicios de Ateneaglam y me consta que el martes habrá paseo por esos medios que antes señalábamos. Ya veremos qué tal sale esa experiencia.
En fín, lo que quiero decirte con todo esto es que si eres autor novel, nunca nunca nunca te agobies con las presentaciones. ¡Chico, has conseguido algo grande, escribir un libro y que te lo publiquen, ¿qué más se puede pedir?! Las presentaciones están para disfrutarlas, nunca para sufrirlas.
Pues nada, no me enrollo más que hay que escribir. Hoy es el día en que murió Michael Jackson. Como he dicho al principio, es una mañana triste. ¿Qué mejor modo de rendir homenaje al Rey del Pop que con ese video musical que puso los pelos de punta a medio mundo? En paz descanse.
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