
O lo que es lo mismo, en valenciano, la
Junta Qualificadora de Coneixements de Valencià, el JQCV, que se encarga de evaluar los distintos niveles de comprensión y expresión del valenciano. El sábado pasado se hicieron las pruebas del nivel
mitjá, medio, en los distintos centros de la Comunidad Valenciana. A esas pruebas incurren todos aquellos que necesitan la calificación oficial de la Generalitat para acceder a un puesto de funcionario o, simplemente, evaluar su capacidad de expresarse en nuestra lengua. Como imaginará la gente que no es de por aquí, el modelo del funcionariado en nuestra Comunidad cada vez se parece más al de Cataluña, es decir, o hablas y escribes el valenciano normalizado que marca la Junta o no hay manera de comerse un rosco. No voy a caer en la trampa de calificar este proceder, allá cada cual con sus pensamientos, lo que sí que voy a expresar claramente es que me parece una medida contradictoria cuando el cincuenta por cien de los políticos valencianos que salen por la tele, apenas se expresan en valenciano.
El hecho es que el pasado sábado se presentaron cerca de 1.800 personas en el centro de Torrente y en el turno de mañana. Esas 1.800 personas pagan 10 euros como cuota de inscripción. Multipliquen, multipliquen… Teniendo en cuenta que hay veintitrés sedes en toda la CV, entre ellas la Universidad Politécnica y la de Alicante, sigan haciendo cuentas para ver las cuantías que recauda el JQCV con el examen de las narices. Y oiga, me parece muy bien, que hay muchas carreteras que terminar, muchos colegios que levantar y hay que llenar de aparatitos con muchas lucecitas la Nueva Fe.
Pues bien, al examen se presentaron mi novia y su hermana. Se ve que como las inscripciones se sacan con el tiempo justo (seis meses de antelación) y los pobrecitos del JQCV no recaudan lo suficiente para hacer unas cuantas fotocopias, no tenían material para todos los alumnos. ¡Che, che, che, que inconveniente! En el fondo hay que comprenderlos: 1800 personas a 10 euros por cabeza, son 18.000 euros. ¿Y qué son 18.000 eurillos hoy en día? Con eso da para hacer cuatro fotocopias, contratar a un bedel y poner a un profesor que se ocupe de los alumnos. Pero el JQCV, haciendo un alarde fuera de lo común, invierte esos 18.000 para que no falte personal; eso sí, el material y las fotocopias no llega para todos, que 18.000 euros dan para lo que dan y milagritos a Lourdes… o mejor a la Virgen de los Desamparados, que para eso estamos en Valencia.
Así que, la gente del JQCV, que se queda sin dinero para fotocopias, no puede dar más que un tema por alumno para llevar a cabo la prueba de expresión oral. Expliquemos que la prueba oral consiste en empollarse un tema de actualidad durante un tiempo determinado y luego ir a un tribunal, explicar el tema y extenderse un poquito más dando opiniones personales sobre el mismo. Normalmente, a cada alumno le tocan dos o tres temas, pero como ya hemos dicho antes, el JQCV, con 18.000 euros recaudados por turno, encuentra serias limitaciones para sacar fotocopias, y no tiene más remedio que dar un tema por alumno. A mi cuñada, que ha perdido a su padre hace algo más de un año por un carcinoma de pulmón, le toca… tachán, tachán… ¡¡la ley antitabaco y los problemas con el cáncer!! Cuando va a comentarlo a las dos profesoras que evalúan su trabajo, una parece que se siente un poco incómoda, pero la otra pone cara de póker y dice que ellas no pueden hacer nada; y yo, que soy tan comprensivo con estas cosas, en el fondo las entiendo, porque fíjate tú las pobres chicas, estar pringadas la mañana de un sábado, evaluando a 18.000 tíos y tías y cobrando una miseria —porque como ya hemos dicho, 18.000 euros dan para que la Generalitat les pague el bocadillito de atún de las doce y media y que puedan pedir un platito de aceitunas… ¡¡¡sin pasarse!!!—; normal que a una pedorra que se le ha muerto el padre de cáncer no le puedan cambiar el tema. Dieciocho mil miserables euros no entienden de estos problemas. Dieciocho mil euros dan para lo que dan y no se pueden hacer milagros. Así que si los alumnos tienen que conformarse con un tema, siendo lo legalmente establecido que puedan optar a varios, que se conformen con uno. Y si ese tema toca un poco la moral… pues que se jodan y arreen, que no estamos para derroches económicos y los pobres funcionarios que contrata el JQCV tampoco tienen porque romperse los cascos.
Por supuesto, mi cuñada no llevó a cabo la exposición porque no estaba mentalmente preparada para afrontar la prueba, así que lo más probable es que suspenda. Pero no pasa nada, hay una recuperación y el JQCV volverá a obrar un milagro estirando los 18.000 euros de presupuesto para que todos los alumnos que han suspendido en junio al menos tengan una fotocopia. Y si no lo consiguen, a repetir el año que viene, a pagar otros diez euros, que el JQCV ya se encargará de administrarlos.
¡¡Con dos cojones!!