Mejor seguimos viendo el basket, que son los que cogen los rebotes en vez de darlos.
Y ya que estamos de recomendaciones (y a mí me mola el rollo nacional, que para lo extranjero ya se habla mucho en las webs de media España), algunos libros que espero con ganas. Primero los de AJEC, que son de dos amiguetes:
Un libro que recoge un repaso exhaustivo a las series fantásticas que han poblado nuestra televisión desde 1980 hasta la actualidad.
Un peligro se alza sobre Drashur tras treinta años de paz. Los demianos, aislados de occidente desde la desaparición de su líder, el Loco Demosian, han vuelto a las armas. Una extraña enfermedad se cobra víctimas en aldeas separadas centenares de millas. ¿Qué relación tienen todos estos sucesos con Delinard, y con los misteriosos hombres que se hospedan en la posada de sus tíos? ¿Cuánto de lo que sabe la gente es verdad? ¿Cuánto es falso? ¿Qué se avecina? ¿Qué son las Urnas de Jade? ¿Qué contienen? Taith, el Anciano, el más poderoso de entre todos los hechiceros de Drashur, quiere evitarlo a toda costa. Pero sólo tiene una respuesta: después de dos siglos de vida, sabe que va a morir.
Mientras los de Cuatro se deciden a emitir o no la nueva temporada de Roma, una de las mejores series que un servidor ha visto pasar por televisión, he matado el gusanillo con «Yo, Claudio» de Herbert Wise y basada en la novela homónima de Robert Graves. Teóricamente, donde acaba la segunda temporada de Roma,
«Yo, Claudio» absorbe esa tensión que tan bien aplica la televisión moderna. Cada capítulo es un espectáculo de horror, arrogancia y corrupción, de comedia e ironía que te atrapa y te impulsa a seguir viendo la serie. La familia Julia reúne todos los componentes para ofrecernos el fresco histórico más apasionante de
A pesar de que es una serie que se filmó en 1976, no ha perdido un ápice de frescura. Los diálogos de los personajes son antológicos. El ambiente que envuelve la historia lleva aparejado ese regusto de buen hacer que

Si os quedaron de seguir disfrutando de las conspiraciones secretas que se llevaban entre manos los herederos de Julio César, no lo dudéis dos veces: «Yo, Claudio», el mejor aperitivo para la segunda parte de Roma.

Quesada, Quesadaaaa... ojito con lo que haces, no cometamos gilipolleces que con Byrne y Makie ya tuvimos suficiente. Si vas a hacer lo que estoy pensando (y sugiere la imagen) me paso al bando de Rafa Marín. No toquemos los huevos que después de convertir a Gwen Stacy en la incubadora de Norman Osborn ya hemos rizado el rizo.



Con toda la buena voluntad del mundo, eso se le presupone, Sebastián Oliva Ruiz-Díaz, dueño de una empresa de limpieza de Quintanar de
E Irak escuchó estremecida:
"El mensaje de Osama bin Laden es un recordatorio del peligroso mundo en el que vivimos."
Hace un par de días que Tim Burton recibió el León de Oro en Venecia por toda una carrera. Parece que fuera de España se reconoce algo que en estos lares todavía no estamos dispuestos a apreciar: que el cine fantástico cada vez atesora mayor calidad. Mientras los académicos de la industria del cine español concedieron el Goya a
Pero no quiero convertir esta reflexión en una crítica contra las cabezas pensantes del cine español. Prefiero detenerme a recordar la sensación que me transmite Tim Burton con sus producciones. Creo que fue Beetlejuice la película que, por primera vez, me mostró que el mundo no tenía por qué tener reglas, que no todo tenía por qué ser horizontal, plano y anodino, que el terror no consistía sólo en causar terror, y que podía ampararse en lo estético, en lo fabuloso, en lo sorprendente, para confabular paisajes más ricos. Beetlejuice me traumatizó, por entonces creo que tendría algo más de diez años. No sabía muy bien lo que acababa de ver, si una película de terror o una comedia. Mi mente retenía imágenes muy distintas: ojos saliendo de las órbitas, rostros que se deformaban hasta lo indecible, fantasmas que se relacionaban con una niña oscura, danzas desternillantes a ritmo de piña colada… me causaba pavor y gracia a la vez. Aquella noche no pegué ojo, lo admito. Es más, durante un tiempo no me atreví a decir tres veces seguidas Beetlejuice (incluso llegaba a preguntarme qué pasaría si mencionaba tres veces aquel nombre intercalando palabras en el medio).
Es normal que me impactara; acostumbrado a ver a Adam West con aquella barriguilla cervecera, a Burt Ward, con aquel traje arlequinado que le hacía parecer una bailarina rusa y, sobre todo, a César Romero con los cabellos verdes y el mostacho debajo de la máscara de pintura blanca, creía encontrarme ante otro Batman. Otro personaje que en vez de llevar el disfraz para deslumbrar, lo llevaba para causar pavor. A partir de ese momento los superhéroroes se oscurecieron para mí. Más tarde llegaría Lobezno y sus garras de adamántium, pero esa es otra historia…
Obviamente, la película no tiene nada que ver con el cuento. Johnny Depp no es el maestro Ichabod Crane timorato y anticuado que protagoniza la historia de Irving, aunque comparten rasgos comunes como el miedo; pero sí que es un Ichabod Crane moderno, reconstruido desde unas bases sólidas y dispuesto para entrar en acción en ese juego de conspiraciones y asesinatos que expone el film. ¿Y qué me dicen del jinete? Irvin lo describe como una sombra grande, mal conformada, negra y alta. Un monstruo gigantesco a punto de echarse sobre el viajero. Y, desde el primer fotograma de la película, así se muestra el jinete sin cabeza, implacable y redentor, uno de los espectros más grotescos que nos ha traído el cine.
Me he dejado para el final las dos pelis de animación: Pesadilla antes de Navidad (aunque en ésta creo que su labor fue de producción) y La novia cadáver. La primera la volví a ver la semana pasada y junto a The Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman, me parece uno de los mayores tributos a lo macabro. El personaje de Jack Skellington (Rey de las calabazas) es el perfecto héroe torturado por lo que es y lo que desea ser. Sally, la muñeca de trapo creada por el doctor Finklenstein, es la heroína curiosa y enamoradiza de la que todos nos hemos encaprichado alguna vez. Pesadilla antes de Navidad es una loa a lo siniestro, una historia que nos muestra lo lúgubre y lo luminoso y nos advierte que la oscuridad puede ser tan adictiva como lo maravilloso.
Y como hoy os he dado mucho la tabarra, me gustaría dejaros con un corto: Vincent, otro tributo de Burton a Edgar Allan Poe y, a la vez, un homenaje a Vincent Price. Es uno de los primeros cortos que hizo el cineasta de California, así que espero lo disfrutéis tanto como yo lo hice en su día.

En Stardust he visto por primera vez la portada del nuevo libro de León Arsenal, Los malos años. Creo que fue Luis Alberto de Cuenca o Rafa Marín, la última vez que estuvieron en Valencia, quienes me soplaron que el argumento giraba entorno a Pedro el Cruel. Se ve que León se ha marcado un buen tocho, así que tengo ganas de hincarle el diente.Los malos años nos traslada a los momentos previos a la boda del rey Pedro el Cruel con Blanca de Borbón, a quien no tardó en confinar en el Alcázar de Toledo, provocando con ello la ruptura con Francia, la caída del favorito portugués Juan Alfonso de Alburquerque, quizás el hombre más poderoso del reino, y la rebelión de Toledo, que no tardaría en extenderse a otras ciudades.
También anuncian la próxima entrega de Elric de Melniboné; parece que este año toca doble sesión de Elric. El primer libro no me acabó de enganchar, es más, en ciertas ocasiones Moorcock usa un estilo feote que me saca de la historia, pero el personaje tiene mucha fuerza y carisma, así que seguiré dándole una oportunidad.
Y extraigo del blog NOCHE CERRADA de Emilio Bueso, buen amigo y autor de la novela Noche cerrada, la siguiente afirmación:
No, Emilio, no. El payaso, en el momento en que se pone el maquillaje y el disfraz se convierte en el ser más siniestro y espeluznante que ha existido sobre la faz de la tierra. ¿Cuándo descubrí eso? En el momento en que vi por primera vez la película de Luis Lucia Mingarro: Zampo y yo. Ése sí que es un payaso terrorífico que ha traumatizado a familias enteras. Lo demás son tonterías.
Y para muestra, un botón:
Lo cierto es que, lo mires por donde lo mires, no hay por donde cogerlo. Tras el atracón veraniego de Anatomía de Grey (tres temporadas en menos de un mes), un servidor se siente incapaz de comprender la decisión del doctor Derek Sepherd (alias doctor Macizo) a la hora de escoger entre Meredith y Addison Montgomery. Entre ambas existe un abismo insalvable.
En el prostíbulo de relaciones carnales que es el Seattle Grace, Meredith es la acomplejada. De largo es la más aburrida del grupo de internos. No posee la punta de mala leche que sí tiene el doctor Karev, el desparpajo de Izzie, la simpatía de O’Malley y mejor no la comparemos con Christina Yang, porque entonces el personaje hace aguas.
Ha heredado de su madre el gen «me bajo las bragas ante el primero que pille». Vale, puedo admitir que lo hace en un momento desesperado, cuando aparece la propia Addison y Derek se decanta por su matrimonio, pero no hay más que echar un vistazo a la frialdad que ostenta con cada pretendiente que se cruza en su camino para hacerse una idea de lo estúpida que debe ser esta chica. No duda en utilizar al veterinario para sus jueguecitos de celos con Derek —dándole el pasaporte a las primeras de cambio— y, ya en la tercera temporada, está a punto de enrollarse con Mark Sloan, a sabiendas del affer que mantiene con Derek, a la primera oportunidad que la ponen a su lado. Respecto a la manera de comportarse con O’Malley en la cama mejor ni hablamos.
Es guapa, vale, no lo vamos a discutir, pero es una belleza sutil que pasa desapercibida.
Addison Montgomery
Adúltera, amante del sexo, millonaria y divertida. Doctora residente especializada en pediatría, una de las más reputadas del país, con un instinto maternal que se sale de escala. Su personalidad está marcada por fuertes sentimientos que la hacen llorar o reír sin tapujos. Uno de sus pacientes la compara con Catherine Deneuve, la elegancia personificada, y no podría estar más de acuerdo, tiene estilo hasta cuando se abre de piernas ante Derek por culpa de un sarpullido.
Aparece en la serie en el último capítulo de la primera temporada y, nada más llegar, deja las cosas bien claras. Ha cometido un error (aunque su relación con el doctor Sepherd ya iba mal por entonces) pero sufre su propio via crucis a lo largo de toda la segunda temporada, soportando las milongadas de Derek cada vez que se cruza con la doctora Grey. Rechaza a Mark Sloan por quedarse junto a su marido y éste se lo acaba pagando metiéndose las bragas de Grey en el bolsillo.
Se nota que los guionistas de la serie tenían que lavar el buen nombre de la pareja protagonista en la tercera temporada (puristas americanos) y se sacan de la manga que la relación entre Addison y Mark continuó después de la marcha de Derek, porque Addison estaba enamorada de Sloan y que sólo acude a Seattle cuando Mark le pone los cuernos. Vamos… que no se lo creen ni ellos, sobre todo atisbando la relación que Addison y Derek mantienen en la segunda temporada.
Por último, la elegancia de Addison Montgomery desborda la pantalla cada vez que sale. Es la típica mujer que vestida suplica una mirada y bajo el vestido promete un cuerpo de ensueño. Mil veces más bella que Meredith Grey y, por supuesto, más divertida. El personaje es tan bueno que ya le han dado una serie propia.
Akkan fue mercenario, ladrón, fugitivo y guardia de seguridad en un puticlub, en pleno universo de fantasía. Con dos cojones. Ese es uno de los muchos planteamientos que José Miguel Vilar presenta en los Navegantes, novela publicada por la editorial AJEC. ¿Y qué quieren que les diga? Que me ha encantado.
¿La trama? ¿De verdad importa? El asedio y la conquista de Arialcanda por parte de los trinisantos es una excusa barata que desentierra una auténtica sinfonía de hachazos por la espalda, zancadillas, suturas al corazón y situaciones desternillantes (y eróticas… éste chico es un pervertido), que se desarrollan en una sucesión sin fin. Vilar construye con Arialcanda una de esas hermosas civilizaciones perdidas en la literatura romántica… y la destruye sin ningún escrúpulo, y la vuelve construir, y la vuelve a destruir para construirla una vez más, así hasta el infinito. Pero lo que verdaderamente importa, donde esta el petróleo en esta historia, es en los personajes. Un servidor, tétrico él, se queda con la locura de Veritám, la fortaleza de Yi Na y la épica de Amin, el desparpajo Boléii y la tragedia constante que envuelve la vida de los Yenenaii. Pero hay más, mucho más, historias que se solapan y se entrecruzan, como la de Aireii y la del Capitán Tanguy, carreteras pobladas por bufonescos personajes secundarios que aguardan el momento de entrar en escena, aunque sea en un papel corto y fugaz. Porque Arialcanda es un teatro de vanidades y excesos donde todo está permitido, hasta un cocodrilo violinista que divaga sobre las cualidades del Dios Escritor y ejércitos de ratas que velan por la seguridad de las damas defenestradas.
Reseña publicada en Scifiworld.
Como septiembre es época de reciclaje y novedades,
Nah, ahora en serio, que a partir de ahora casi mejor lo subo todo aquí y acabo antes. Al fin y al cabo la otra la visitaban cuatro gatos.
Si al final, después del pestiño de la última trilogía, la nueva serie tendrá algún tipo de interés. ¿Quién decía que no iba a ser sobre el Universo Expandido? Seguro que al final se revela que los gemelos Jacen y Jaina y el pequeño Anakin no son hijos de Han Solo.
Facultad de Letras, Campus de la Merced, Aula Jorge Guillén:
28 de noviembre: La tierra del dragón, una saga fantástica, con su autor David Mateo. Acto presentado por Francisco Javier Illán Vivas
Asimismo, se ha alcanzado acuerdos con la FNAC de Nueva Condomina para desarrollar actos más comerciales, de presentación y firmas de libros. A partir de septiembre se confirmarán los autores y autoras que vegamediapress.com propondrá al departamento comercial de la FNAC.
El primer acto será la presentación de Encrucijada, de Tobías Grumm, el próximo 19 de septiembre, a las 20 horas. Acto que presentará Francisco Javier Illán Vivas.








Sí, así se llamaba, y comenzó siendo un modesto proyecto pergeñado en la barra de un bar, con mi compañero Rubén Sousa. ¿Nuestra intención? Echar una manita a este complicado universo de la literatura fantástica, sobre todo a los autores nacionales, que tan difícil lo teníamos (y lo seguimos teniendo) para ver nuestros trabajos en papel. La fórmula era sencilla: aunar calidad e ilusión. Por nuestras páginas pasaron muy grandes autores del panorama fantástico: Rafael Marín, Laura Gallego, Juanmi Aguilera, Javier Negrete, León Arsenal… y otros autores, quizás menos conocidos, pero que hicieron grande nuestra revista.Citar a todos es muy complicado, pero voy a referirme a los colaboradores habituales o aquellos que siempre estuvieron ahí, respaldándonos: Victor Martínez, Alfredo Álamo, Claudio José Cerdán, Alfonso Merelo, Juan Carlos Pereletegui, Enric Herce, Santiago Eximeno, Patricia Flores Figueroa, Pily B., F.J. Suñer Iglesias, Gabriella Campbell, Sergio Mars y David Jasso.
A ilustradores como Liliana Barrenechea, Berta Laurín, Francis Llopis, Quil Páez, Eva Roig, Manuel Calderón, Luis Mejía, Ángel Polo, Bans, Javi Gómez, Ewa Okolowicz, Francisco José Palacios, Yoyo, Pedro Beluski, M. Luisa Giliberti, Luis Montero y Paula Peña. A ocasionales como Victor M. Ánchel, Sergio Amira, Manuel Burón, Fran Ontanaya, Andrés Díaz, Juanma Santiago, José Carlos Canalda, Marc R. Soto, Óscar Mariscal, Pedro Camacho, Julián Díez, a la gente de Assahi, Javier Arnau, Javier Esteban, etc etc etc…
Obviamente, agradecer a todos los patrocinadores que pusieron su granita para sacar adelante esta modesta publicación sobre literatura fantástica: SM, Equipo Sirius, Librería Miraguano, Parnaso, AJEC, Librería Railowsky, Librería Futurama, Ficromic, Gotham Comics, DComic, Estudio en escarlata, El cresol, Librería Ramón Llull, Editorial Ábaco, Gilgamesh, Minotauro y Timun Mas, Entrelíneas, Gremio de dragones, Mars Ultor, Circuito Café Teatro, Camelot…
Fue muy divertido (y muy estresante) estar cada dos meses con vosotros, poniendo todo el cariño para sacar adelante la revista, contactando con todas las webs especializadas (gracias a todos por vuestra desinteresada difusión), maquetando, pidiendo artículos y cuentos, metiendo presión a la imprenta, rezando para que la distribuidora cumpliera, pero creo que mereció la pena. Fueron, en total, cinco números, además de estar presentes en
Ahora,
Creo que como editor de la revista debo aclarar el porqué este proyecto se dio por terminado. Entono el mae culpa ante un cierre precipitado y abrupto. La publicación puede que necesitara un tiempo más para establecerse y encontrar a su público, pero las obligaciones pudieron con nosotros y la avalancha de trabajo nos impidió seguir adelante. No puedo negar que nos hubiera gustado tener, al cabo del año, un millón de suscriptores que sustentaran la publicación, pero esa posibilidad, a día de hoy, es inviable. Nos fuimos pronto (y eso es innegable), pero al menos dejamos huella.
Decirles a mis compañeros Meritxell y Caleb, de nuestra revista hermana Miasma, que se quedan como patrones del barco… de momento. Que les deseo toda la suerte del mundo, porque TDAMGZN y Miasma nacieron al mismo tiempo, y que vayan creciendo con firmeza y paulatinamente, sin descanso.
Y a todos vosotros que habéis sido lectores de Tierras de Acero MGZN, colaboradores y amigos: ¡¡MUCHAS GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS!!