miércoles, mayo 26

Perdidos: una historia de principio a fin

En la anterior entrada analizamos pormenorizadamente el último capítulo de Perdidos: «The end». Como casi todos habréis captado, es un capítulo que a servidor, tras el primer visionado, le dejó bastante frío y, tras un segundo visionado, la cosa mejoró algo. «The end» lleva al máximo exponente el lema de los guionistas: «Aquí lo importante son los protagonistas y no la isla». Es decir, que el señor Abrams y los señores Carlton y Damon tenían clarísimo que la isla, esa isla maravillosa, mágica, tecnológica y sobrenatural, iba a ser un personaje secundario que se iba a quedar de fondo y que aquí, los que iban a cortar la pana, por decirlo de alguna manera, eran los Jack, Sawyer, Kate, Sayd, Jin, Sun, etcétera etcétera… Y lo cierto es que si cogemos la primera temporada y la superponemos a la última, entronca perfectamente, por lo que los señores guionistas algo ya tenían en mente al arrancar la serie.
En la primera temporada de Lost vemos apariciones sobrenaturales, personajes que buscan su redención y situaciones extremas que ponen de relevancia el halo fantasmal de la isla. No se nos menciona a Jacob, pero los guionistas afianzan su primera ancla argumental en esa partida de backgammon que mantienen Locke y Walt y que viene a anticipar los sucesos que se ponen en marcha a partir de la tercera temporada: allanar el camino para la llegada de una inteligencia superior llamada Jacob. Recuerdo perfectamente las palabras de uno de los guionistas que dejaba entrever algo en ese sentido tras el famoso capítulo de la cabaña allá por la tercera temporada: «Jacob es real y al final de la serie será algo así como el Emperador de la saga Star Wars».


Dudo mucho que el monstruo estuviera predestinado a ser el antagonista de Jacob, pero tampoco era una criatura sin juicio tal como nos lo tratan de vender algunos fans descontentos. El monstruo fue bautizado como el sistema de seguridad por los Otros, pero también condujo a Locke hasta el corazón de la isla y le hizo ver que el lugar que otros tachaban de siniestro y hostil, en realidad era un paraíso que valía la pena defender de la mente científica de Jack. Podría decirse que, ya desde la primera temporada, el humo negro se cameló a Locke mientras se iba cepillando a aquellos que no veía válidos para su cruzada. Y cuando uso el verbo ‘ver’ no me equivoco en absoluto, ya que el capítulo de la muerte de Eko demuestra perfectamente que el sistema de seguridad, razona, piensa, evalúa a la víctima y la mata siguiendo sus propias directrices morales. Con todo ello, vuelvo a repetir, no quiero justificar a los guionistas. Si os soy sincero, desde la segunda temporada uno se ve venir de largo que Carlton y Damon van a tientas por un terreno resbaladizo y que en realidad son unos tramposos de cuidado porque plantean una trama sin tener todos los cabos bien amarrados, dejándose llevar por la improvisación con tal de sorprender al telespectador, pero también hay que decir que estos señores han sabido sacar petróleo de donde sólo había barro y han planteado una serie a largo plazo estirando correctamente las tramas.


Y ojito, léaseme bien porque utilizo el plural y no el singular para referirme a la serie: TRAMAS. Porque la historia no va de unas almas perdidas que llegan a la isla para encontrar su redención, ni tampoco de una isla maravillosa que tiene unas cualidades especiales… va de eso y va de muchas cosas más.


Ya desde la primera temporada nos encontramos con unos individuos llamados los Otros que se dedican a secuestrar niños y a hacer pruebas con ellos. Y cuando aparece Walt en escena, un chiquillo peculiar con poderes especiales —tal como se demuestra en el flashback… Walt no desarrolla sus poderes en la isla, cojones—, los Otros pierden el culo por captarlo y empezar a investigar con él. En ese momento, arranca una de las tramas paralelas de la serie: la experimentación con los niños y el problema de infertilidad de las embarazadas. Una subtrama que engarza, directamente, con la de Desmond y la de Danielle, otros dos parias que han sido abandonados en la isla y que aseguran que hay un veneno en el aire que vuelve loca a la gente. Desmond es una de las últimas reminiscencias de Dharma —o un pobre desgraciado que ha ido a parar al lugar más inadecuado— y Danielle es una víctima más de los desmanes de Ben y de los juegos elementales de esos dos grandes desconocidos que son Jacob y el humo negro (¿o es que hemos olvidado ya el salto de Jin en el tiempo en el que vemos como el humo negro adopta la forma de los franceses para que acaben matándose entre ellos?). Al final, la psicosis apocalíptica de Desmond no es tan descabellada como parece y es que, tal como descubrimos en la quinta temporada, en el corazón de la isla aguarda una bomba de hidrógeno llamada Jughead cuya detonación desatará altos niveles de radiación y la posterior infertilidad de la isla.


Perdidos no es una serie que ofrece respuestas evidentes, sino que busca la reflexión del espectador y va dosificando esas respuestas a muy largo plazo, por lo que las subtramas se enredan y se enredan hasta conformar una agresiva selva de enigmas. Y es ahí donde aparece otro de los elementos claves del argumento: Benjamin Linus, el jefe de los Otros y el maquiavélico verdugo que acaba con sus compatriotas de Dharma. Es, sin duda alguna, el secundario estrella de la serie, ambivalente, amoral y despiadado, tan pronto compañero de los losties como encarnizado enemigo de Locke, al que desde un principio ve como su igual. Linus es un superviviente. Sobrevive a su padre y a los hippies científicos de Dharma y busca crear su propia comuna entre los Otros del inmortal Richard Alpert. Se cree el candidato de Jacob y el amo de la isla, hasta el punto que su egocentrismo le lleva a desviarse del camino elemental —proteger la isla— y reafirmar su liderazgo entre un grupo de fanáticos supervivientes —recordemos que la isla siempre va recabando almas que llega a sus costas—. Ben acaba con Widmore, su rival en OtherVille y se convierte en el guía espiritual de los Otros. No es un líder al uso, pues en varias ocasiones vemos como hay otros hombres y mujeres que también imparten su ley, pero sí que es un mecenas que ha conseguido el favor de Richard Alpert, el consejero de Jacob. Con el tiempo, la enrevesada trama de la serie, pone al descubierto las intenciones de Ben: acabar con la infertilidad de la isla y conseguir que las mujeres puedan procrear. Supongo que nuestro maravilloso tirano en algún momento soñó con la inmortalidad, desafiar a la propia isla y que su rebaño de fieles siempre estuviese bien nutrido de nuevos adeptos.


Otra de las ideas básicas que sirve como eje de toda la serie es la eterna dicotomía entre fe y ciencia. Los enfrentamientos entre Jack y Locke son continuos a lo largo de todas las temporadas. Jack es un líder en potencia que sólo cree en lo que ve. Locke, en cambio, es un convencido; ama la isla, confía en ella y, a la larga, esa será su perdición. Sin embargo, el sacrificio de Locke, saca a la luz todo lo bueno que hay en Jack y lo sitúa ante la mismísima copa de Jacob que le otorga el cargo de guardián oficial de la isla.


El enfrentamiento entre ciencia y fe es un axioma que sobrevuela cada una de las temporadas: desde el famoso ordenador en el que había que introducir los numeritos a los distintos roles que Widmore busca en los científicos que llegan a la isla: Faraday, Miles y Charlotte. Perdidos es una serie de ciencia ficción, pero también es una serie de fantasía, así que volvemos otra vez a la dicotomía de ciencia y fe. Faraday y Eloise Hawking nos ayudan a conocer las leyes que rigen el movimiento de la isla: leyes que rompen el orden fundamental de las cosas. Pero a su vez, la propia composición de la isla, llena de energías telúricas que la recorren como las arterias de un coloso dormido, nos hablan de un lugar especial que se rige por las leyes del caos. La isla es capaz de desplazarse en el tiempo y en el espacio. Es un gigante atemporal capaz de acoger a una civilización procedente de tiempos inmemoriales y a una comuna hippie que se dedica a taladrar sus entrañas en busca de los secretos más recónditos.


La serie, para un servidor, alcanza momentos sublimes justo entre la cuarta y la sexta temporada, cuando Widmore hace desembarcar a sus mercenarios en la isla y comienza la matanza. Personajes como Danielle y Alex mueren ante los ojos incrédulos de Ben y, justo en ese momento, el pacto de no agresión entre Charles Widmore y Benjamin Linus se rompe. El capítulo en el que Ben se presenta en la suit de Widmore y lo amenaza con matar a Penny, lleva la trama de Lost a un punto álgido en el que las traiciones y las revanchas se vuelven casi casi esquizofrénicas. Por otro lado, el uso de los flashbacks y de los viajes en el tiempo, convierten el arranque de la quinta temporada en un torbellino aventurero que va a más en cada capítulo. Pero todo lo bueno tiene un final y la decadencia de ese segmento trepidante de la serie comienza cuando los losties se establecen en el campamento de Dharma; a partir de ahí sobreviene la desmitificación de la Iniciativa y los romances y la lentitud se apoderan de la acción, salvo en los momentos en que la trama regresa al presente y el conflicto entre Ben y un resucitado John Locke cada vez alcanza cuotas más interesantes.


Superadas las tramas de Walt, los niños, los conflictos internos por el liderazgo de los Otros y los viajes temporales, arranca la última temporada y quizás la más polémica de todas: la conspiración entre Jacob y su hermano anónimo y el viaje que nos llevará hasta el mismísimo corazón de la isla. La sexta temporada es la más floja de los últimos tiempos. Los personajes van y vienen por la isla, llevados por el azar de Jacob y los malos deseos del humo negro. Desmond se convierte en el comodín capaz de atravesar nexos interdimensionales y los personajes se mueven entre la realidad y un purgatorio que se desvelará al final de la temporada. Los guionistas, conscientes de que no pueden contradecirse a sí mismos —desde el principio dijeron que la isla no era un purgatorio—, trampean la serie y convierten la trama paralela en un flashforward muy lejano en el que los personajes se reencuentran tras su muerte y se preparan para el tránsito. En ese instante, los losties se convierten en los personajes principales y los conflictos entre Jacob y el humo negro y todos los secretos de la isla en los secundarios de lujo, hasta el punto que muchos de los seguidores de la serie se quedan con un palmo de narices cuando el conflicto de la isla se resuelve atropelladamente convirtiendo a Hugo en el nuevo Jacob y a Ben en una especie de Richard Alpert consejero.


Es demasiado pronto para juzgar la serie sin tener en cuenta este punto turbio de la historia. No me cabe duda de que los guionistas querían contar la historia de un grupo de marginados sociales que llegan a la isla para encontrar su destino, alcanzar su redención y convertirse en personas importantes en el continuo devenir del tiempo, pero precisamente el estiramiento de la serie en seis largos años provoca que esa premisa se pierda en la lejana primera temporada y la isla se convierta en la reina de la fiesta, desluciendo al resto de los invitados. El error más grande de los guionistas ha sido querer volver al origen desechando un montón de tramas y subtramas que han coronado a la isla como la verdadera protagonista de Perdidos… y difícilmente los fans van a perdonar ese final emotivo, pero soso.


Sea como sea, en este extenso post he querido hablar de Lost como serie, no centrándome en el capítulo final. Los guionistas han hecho historia en la televisión con el uso magistral del flashback y flashforward, han compaginado pasado, presente y futuro con una maestría envidiable, elevando la épica, la emoción y el romanticismo hasta cuotas inalcanzables. Es cierto que se han quedado cabos sueltos en el tintero a lo largo del argumento (ojo, cabos sueltos, pero no subtramas); un servidor, lejos de molestarse por el tema de los famosos números, que pueden recibir una explicación metafísica, o por la persecución en las canoas de la quinta temporada, se queda con una espinita clavada que proviene de uno de los capítulos más escalofriantes de la serie: la llegada de Ben a la isla. ¿Qué fue de aquella niña llamada Annie que le regala al pequeño Ben una muñeca de trapo? Precisamente la muñeca que Ben contempla con añoranza cada cumpleaños. ¿Se queda Ben fuera de la Iglesia aguardándola? Me gustaría pensar que sí.


Hoy es el primer miércoles que no tendremos Perdidos… y lo peor es que no volveremos a tenerlo nunca. La serie ha terminado y a uno, pese al agridulce sabor del último capítulo, se le queda una sensación de vacío en el estómago. Ya no habrán disputas entre Jack y Sawyer, Kate no volverá a camelarse a los dos machos dominantes de la isla, no veremos a Aaron y a Jin Geon de mayores, ni sabremos si Walt se une a la Patrulla X para desarrollar sus poderes mutantes. Se acabaron los conflictos entre Locke y Ben, jamás sabremos que artimaña usó Ben para expulsar a Widmore de la isla, ni sabremos si Richard Alpert regresa a las islas Canarias para terminar sus días en paz. Lost se ha acabado… ¿o no? Perdidos, en plural, trataba sobre los personajes. Y los guionistas han puesto de manifiesto que no volverán a hablar del tema. Pero la isla, más allá de Jack, Sawyer, Hugo o Kate, todavía guarda demasiados misterios que merecen una respuesta. Ojalá algún día podamos volver a pisar sus costas.
¡¡Larga vida a Perdidos!!

By David Mateo with 17 comments

17 comentarios:

Monográfico de Perdidos esta semana!! ya se te veía muy contenido todos estos meses..

Sí, sí, pero prometo que esta es la última entrada. Se acabó perdidos en la sombra de Grumm.

Como te comenté en la última entrada, no tengo ninguna duda acerca de la importancia de Perdidos en el panorama televisivo actual, y probablemente en el futuro cercano (aunque no dudo que intentarán copiarlo sin éxito, véase Flashforward)

Y también reconozco que se me hace un pequeño nudillo en el pecho al saber que no volveremos a saber nada de la isla, del pobre Locke, que empezó siendo mi favorito y se fue diluyendo con el paso del tiempo...

Yo es que creo que la serie se ha estirado demasiado, que los guionistas, quizá sobrepasados por las expectativas y el éxito,intentaron alargar la jugada, y no les salió del todo bien.

Ahora eso sí te digo, los muy malditos han conseguido que, incluso terminada la serie, sigamos debatiendo teorías y posibilidades como si todavía no hubiera finalizado.

Ayer se lo comentaba a mi novia, que probablente, cuando salga el inevitable pack con toda la serie, me la compre sin dudarlo. Porque a pesar de los altibajos, a pesar de sentirme algo defraudado en las últimas temporadas, son más los buenos momentos que los malos.

Pero bueno, aun queda debate...

A mi el rol de Locke en Perdidos me parece tan trágico, tan miserable, tan horrible, que casi me merece un aplauso. Un pobre desgraciado al que su propio padre le roba un pulmón, que pierde a la mujer de su vida por una obsesión y que al llegar a la isla se convierte en 'el especial' solo para descubrir que no es más que una miserable marioneta que encumbrará al verdadero héroe que es Jack. Su miseria lo hace tan especial y su trasfondo tan irrepetible, que es uno de mis personajes favoritos, aún en la muerte.

Lost es única y diferente a las demás y ahí está Flashforward, la presunta heredera, que no ha aguantado ni una mísera temporada. Intentaron improvisar, sacar pretoleo sobre la marcha y calcar la psique de los personajes, pero al final lo único que consiguieron fue crear una banda de personajes mediocres que no le aguantan ni un asalto a los protas de Lost.

Por cierto, es un hecho que Lost tiene algo de mediático que jamás tendrán otras series. De 300 a 500 visitas que suele arrastrar el blog hemos pasado a 1000-1200 estos días losteños. Y las búsquedas, pues ya os lo podéis imaginar:
Lost the end
teorías del final de perdidos
lost final
y cosas semejantes. En fin, que pese a todo, Lost sigue muy viva en las mentes de los aficionados.

Si ya te decía, David, que aun queda debate. Esto vara para largo, al estilo Barca-Madrid, o Marvel-Dc.

Todavía quedan ríos y ríos de tinta digital debatiendo las teorías de Perdidos. Yo ayer me descojonaba con la parienta, que me sacaba unas teorías que vamos, parecía una de las guionistas xdd.

Un Saludo!

Es que los guionistas han dado su final a Perdidos, final soso y manido, pero final al fin y al cabo. Desde el lunes varios amigos y colegas me han contado 'su propio final' y, por supuesto, he respondido de manera cortés aunque luego, para mis adentros, estaba dando gracias a Dios por 'la falta de ingenio de los guionistas'.
Mi final para Perdidos era mucho mejor. Y, por supuesto, la única teoría posible para la isla es la teoría Otomo:

http://lasombradegrumm.blogspot.com/2007/11/perdidos-en-jacob-la-teora-otomo.html

Por cierto, para los que digan que lo de Jacob como elemento manipulador de los losties es algo que comienza al final de la temporada 5, ya en noviembre del 2007, un servidor tenía claro que:

A estas alturas, queridos lectores, la providencia o la casualidad no parecen elementos arbitrarios en el destino de la isla. Más bien parece que alguien se esconde “tras la cortina” y maneja a su gusto el destino de los personajes, llegando a ahondar en su pasado y escogiéndolos por un motivo que, aun hoy, se me escapa. ¿Y quién es ese hombre?

En fin, que hay cosas que pueden gustar o no gustar, pero no provienen de la improvisación.

Hola...os recomiendo que leáis este blog sobre la finale....a mí me ha convencido bastante...
http://pjorge.com/2010/05/24/lost-17-18-the-end/
saludos

Hombre, Pedro Jorge... este hombre le ha pegado una paliza a Rafa Marín en su propio blog.

Una mierda me va a pegar a mí la paliza nadie. Iluminatis, que sois todos unos iluminatis, que os han dado por atrás hasta la bola y encima pagáis el meublé.

Venga ya.

Haced caso a William Shatner, anda.

:-P

:)):)):)):)):)):))

¿Sabéis este chiste?


Pueblo manchego, calor, soledad, silencio. Todas las tardes son la misma tarde, a la solana. No se mueve una mosca.

De pronto, llega un tío con cascabeles y ropas de colores, toca una trompeta y dice:

--¡Señoras! ¡Señores! ¡El viernes por la tarde, la fiesta del tapón!

Y se va.

Todo el pueblo, a la solana, aburrido, se pregunta qué es la fiesta del tapón.

Así, lo mismo al día siguiente. Llega el tío con los cascabeles y el traje de colores y dice:

--¡Señoras! ¡Señores! ¡El viernes por la tarde, la fiesta del tapón!

Y el pueblo cuchichea. ¡Diversión! ¡Algo nuevo! ¡Contra la solana!

Así al tercer día. Y al otro, y al otro. Por fin llega el viernes por la tarde.

Todo el pueblo congregado, niños, viejos, militares sin graduación. ¡La fiesta del tapón! ¡La fiesta del tapón!

Han colocado globos, carpas, una tarima, un micrófono.

El hombre de los cascabeles sube a la tarima, se acerca al micrófono y dice:

--¡Bienvenidos a la fiesta del tapón!

Se mete un dedo en la boca, lo saca haciendo "¡Plop!" y sonríe.

--¡Hasta el año que viene!


(veinte años después de que me lo contaran, he comprendido que el tapón estaba en la isla)

Pues el tapón se lo podía haber metido en otro sitio, habría hecho más gracia.

Sea como sea, para mí Perdidos tiene un antes y un después, y es uno de los guionistas de comics más cañeros de la actualidad: Brian K. Vaughan.

La verdad es que le estoy muy agradecido al shit finale: me he ahorrado una pasta en DVDs.

Anda yaaaaaaaa, pero que teatreroooooooo!!! ¿Quieres decir que si el último capítulo hubiese sido bueno, te hubieras comprado los dvds? Que boleroooooooooooooooo.
Fueraaaaaaaaaa fueraaaaaaaaaaa fueraaaaaaaaaa fueraaaaaaaaaa fueraaaaaaaaaaaaaaaa fueraaaaaaaaaaaaaa.

Pues sí, fíjate, y eso que tengo la primera, comprada justo cuantito cuando salió. Pero bueno, también tengo completas Buffy y Angel en dos ediciones.

Ahora ya no. O espero al montaje del director.

Uy, no, que el montaje ha sido lo que nos han puesto.

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