Antes de ayer se celebraron las segundas jornadas de literatura fantástica en Las conferencias se sucedieron durante toda la mañana, las charlas llegaron por la tarde y, lo más importante para un servidor, los chavales se lo pasaron bomba en el taller. Dieciocho niños con ganas de escribir (porque se notaba que les gustaba escribir y, encima, más de uno ya apuntaba maneras) y que propiciaron con su participación que un servidor se lo pasara pipa… eso sí, perdí la voz y las pocas fuerzas que me quedaban después del madrugón.
Pero uno siempre rescata energías de dónde no las hay cuando está con el germá Juanmi Aguilera, con el gran Rafa Marín, con Alfonso Merelo, con Javi Negrete y el Joaqui Revuelta. Por la noche hubo colofón de fiesta con orujo y entrecots y al día siguiente vuelta para Valencia agotado pero inmensamente contento.
Por cierto, tres agradecimientos muy especiales: a MªCarmen y a Almudena por el excelente trabajo desarrollado y porque
¡¡Así da gusto, oiga!!
Y, por supuesto, las aulas se llenaron y las charlas tuvieron mucha participación. Por cierto, venganza macabea, la chica del bolso por poco se me duerme en la conferencia. Si ejjj que...Y si en España hay un tipo verdaderamente autorizado para hablar sobre literatura fantástica y ser capaz de hablar, y hablar, y hablar, y hablar, y hablar... y conseguir que después de una hora sigas sonriendo y pendiente de su alocución ese es el genial Rafa Marín. Genio y figura hasta la sepultura.
Y las dos conferencias de la tarde: Negrete, Marín y Aguilera de la mano. Además de la participación de José Carrasco, autor de la tierra. Ahí es na. Después hubieron muchas fotos de familia.
Y los niños trabajando cuentos en el taller. Por cierto, tras la columna Inma Ordóñez (Maku) que demostró un interés especial por el trabajo con los chavales.
Y los chavales, los verdaderos protas del taller, superparticipativos y demostrando que eso de que la literatura no es para los niños es una soberana estupidez.Otras crónicas de las jornadas:
La de Rafael Marín en Crisei.
La de Alfonso Merelo en Memorando.
La de José Angel Muriel en Rincones del autor.


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