A Yolanda le gusta pintar. Es uno de esos pequeños vicios que le ayudan a hacer frente a la rutina diaria. Una actividad que comenzó cuando peor lo estaba pasando y que a día de hoy es una maravillosa terapia. Suele comprar los materiales que usa para sus cuadros a la profesora, pero hace tiempo descubrió una pequeña tiendecita en su pueblo y desde entonces comparte el gasto.El establecimiento lo regenta una chica joven, que heredó el gusto por la artesanía y la pintura de su madre. No nos engañemos, una tienda de manualidades en un pueblo pequeño como Benetuser tiene pocas posibilidades de sobrevivir, por eso la chica era especialmente “caritativa” con sus clientes. Siempre estaba dispuesta a echarte una mano con el cuadro que estabas haciendo, a regalarte uno de los seis botes de pintura que te llevabas, a meterte en la bolsa en un desliz un pincel, unas tijeras, un pequeño marco decorativo… Tenía mil detalles con la gente que le ayudaban a conservar la clientela.
Su gran sueño era montar una pequeña aula en la trastienda, pero Hacienda (ese gran monstruo devora fantasías) le impedía darse de alta en otro epígafre debido al alto coste que debía asumir. Todo pequeño autónomo sabe perfectamente que nuestro queridísimo sistema retributario está confeccionado de tal manera que favorece al gran capitalista e impide el crecimiento del pequeño establecimiento. El caso es que la pobre dependienta vivía con sus ambiciones frustradas y con un «ay» en el corazón siempre que llegaba fin de mes y tocaba pagar los impuestos.
La crisis, por supuesto, hizo estragos. La gente es reacia a rascarse el bolsillo de un tiempo a esta parte y más en pequeños detalles que complementan su vida lúdica. En las últimas ocasiones que la visitaba Yolanda, las quejas de la pobre dependienta cada vez eran más amargas: «Si sólo de subir la persiana y encender la luz ya estoy asumiendo más gasto del que puedo afrontar…»
El golpe definitivo llegó en Navidad (dulce Navidad) cuando unos desaprensivos entraron en su tienda y le desvalijaron medio almacén, robándole la exigua recaudación de varias semanas. Por supuesto, el seguro se lavó las manos y le pagó la mitad de la mitad de lo que le habían robado, es decir: miserias.
La semana pasada, la joven dependienta llamó a Yolanda para decirle que se pasara por la tienda porque estaba de liquidación. Echaba la persiana y ponía fin a sus sueños.
Los señores políticos (sean del signo que sean) tendrían que santiguarse tres veces cuando salen por la tele y mencionan a las familias en estos tiempos de crisis, porque mentar a la familia es como mentar el nombre de Dios en vano. A todo aquel que dice en su discurso que se está haciendo todo lo posible por ayudar a la familia, automáticamente, tendrían que pudrírsele todos los dientes en la boca.
Colorín colorado, el cuento de la joven dependienta de manualidades se ha acabado. Para siempre.

6 comentarios:
Esas son las verdaderas consecuencias de la crisis: el trabajador modesto que de pronto se encuentra sin recursos y no el banco que gana menos (pero gana, ojo) que el ejercicio anterior. POr cierto, ¿el cuadro es de Yolanda? Me gusta mucho.
No, no, el cuadro no es de Yoli.
Sí. Este triste cuento me suena. Los problemas económicos los sufren los de abajo.
Para siempre. Se me hace una bola en el estómago :(
Una historia triste que me temo se está dando demasiadas veces en la actualidad. No hablamos de los pequeños comercios como tal, hablamos de sueños, tradiciones familiares,... todo lo que con tan mala suerte toca vivir a los que tratamos de despertar al mundo ahora. Hay momentos históricos para todo, y políticos (aunque en eso soy muy escéptica), pero es una desgracia que tengan que ocurrir cosas como lo de esta chica. Una pena.
Partiendo de la base de que Hacienda no lo pone fácil. No.
Pero el éxito/fracaso empresarial no es atribuible al otro, al Gobierno o al mundo. tres negocios de cada dos no aguantan los dos primeros años de vida. Luego están aspectos como el tener mucho paso y los hábitos comerciales del personal, que prefiere un asqueroso y vomitivo megacentro a 14 km que una encantadora y acogedora tienda en tu pueblo. Eso tampoco es culpa de Hacienda. Otra cosa es que la gente anda contando los céntimos y así poco negocio a la vista... En general... Que siempre hay quien se forra
Nota, A yolanda se le da muy bien. Bonito cuadro.
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