Ayer fue un día glorioso en el Senado. Ramon Aleu, de la Entesa Catalana, estiró del cable situado en su escaño, se llevó el pinganillo al oído y pudo dirigirse en catalán —una de las lenguas cooficiales del Estado— al resto de la Cámara del Senado. El martes 18 de enero fue un día apoteósico en el Pleno: el gallego, el valenciano, el catalán y el euskera se escucharon en la Cámara Alta; hemos erigido una Torre de Babel en España y los nacionalistas se aplauden unos a otros entusiasmados por la riqueza cultural que muestra España… eso sí, nadie se para a pensar que la riqueza lingüística del Estado es inversamente proporcional a la riqueza que hoy por hoy atesoran los bolsillos de los españoles.

Ramon Aleu está contento, los nacionalistas están contentos, los políticos están contentos, en cambio, los españoles estamos hasta los putos cojones de sus majaderías. La insensatez del pinganillo nos cuesta 12.000 euros por pleno. Cien mil euros al año (voy a ponerlo en cifras para que nadie se pierda: 100.000 euros al año) que salen directamente del bolsillo del contribuyente. Por cierto, la tasa del paro sigue sin bajar del 20,6 por ciento, es decir, seguimos superando en un 1,6 por ciento la tasa de desempleo del mes de enero del año anterior. ¿Zapatero, así demuestras tu preocupación por las economías domésticas de las familias españolas? ¿Cargándoles en impuestos 100.000 euros más al año para que el Parlamento español, un lugar donde puede y debe imperar la lengua madre de todos los españoles, acabe convirtiéndose en una Cámara Autonómica al uso? ¿Dónde está el mensaje de austeridad, rigidez y sacrificio que usted tanto cacarea siempre que se refiere a los impuestos que merman las pensiones de las viudas o nos obliga a trabajar más de la edad de jubilación legalmente establecida por la ley?

La senadora Carmen Silva, portavoz del PSOE, aclara que esta medida sirve para «normalizar la pluralidad y que las lenguas son patrimonio de todos.» Me parece muy bien, sus señorías, si ustedes quieren convertir el Senado en un lugar donde la riqueza lingüística se exhiba con naturalidad y pluralidad, aplíquense el cuento que muchas autonomías exigen a sus empleados en los concursos de oposición: ¡¡aprendan idiomas!! Pero no sólo el idioma de su autonomía; enriquézcanse con la variedad lingüística del Estado Español. Señorías de la Entesa Catalana aprendan gallego, euskera y valenciano. Señorías de los partidos nacionalistas vascos, exhiban su pluralidad y su comprensión ante el maltratado pueblo español, y rásquense sus bien nutridos bolsillos para aprender valenciano, catalán y gallego. Entonces, un servidor, les aplaudirá por su audacia y por la sensibilidad mostrada hacia las distintas lenguas cooficiales del Estado Español, mientras tanto, dejen de tocarnos los huevos y dedíquense a trabajar para que la raza política española vuelva a ser respetada por el resto de sus conciudadanos.





























